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domingo, 9 de agosto de 2026

Reflexión sobre Hades y Persefone

Buenas noches, mi nicho de lectores. Hoy os voy a presentar un pequeño análisis/reflexión sobre un mito griego.

Por ende, me veo obligado a aclarar que mis conocimientos en mitología son bastante superficiales. Y con esto quiero decir que, si durante vuestra lectura encontráis algún error a la hora de narrar el mito, os agradecería que me lo notificaseis, para que yo también pueda aprender más sobre esta hermosa cultura. Aclarado esto, me gustaría hablar de una de las parejas más famosas de la Antigua Grecia: la del rey del inframundo, Hades, y la diosa de la primavera, Perséfone. Voy a intentar analizar una pareja de dioses, por muy raro que pueda parecer. Si Javi Hoyos puede hablar de parejas de famosos, yo puedo hablar de parejas de dioses griegos. Primero, presentemos a la mujer de esta relación: Perséfone, diosa de la fertilidad, de la tierra y de la agricultura, hija del cuestionable dúo formado por Zeus y Demét Ya que es bien sabido que Zeus se follaba a todo lo que se moviera, sin importar si se trataba incluso de su propia hermana En fin, qué grima. Pero volvamos a lo que nos compete. Perséfone tuvo una infancia bajo la cariñosa protección de su madre, viviendo en un bosque acompañada por sus compañeras, las ninfas. Cuando creció, se convirtió en una hermosa mujer, lo que, en aquel panteón lleno de gente que no dejaba la polla quieta, causó gran impresión Por ende, tenía montones de pretendientes, a los que no dudaba en rechazar en cuanto se acercaban. Pero un mal día, el dios más edgy y cool del panteón se paseaba por el bosque y allí la vio: la mujer de la que se “enamoraría” locamente. Entenderéis por qué escribo esto con comillas más tarde. Hades le insistió a su hermano Zeus para que le concediera el permiso de casarse con su hija. Este, ya pasando de su culo y con tal de que su hermano lo dejase en paz, accedió sin demasiados reparos. Las pretensiones de Hades, por supuesto, eran mayores que una simple boda: quería llevársela al inframundo y coronarla como reina de los infiernos. Zeus le retiró la protección divina a Perséfone y, básicamente, dejó vía libre para que su hermano la secuestrase. ¿Y qué hizo Hades? Abrió una grieta bajo los pies de la chica y, efectivamente, consiguió raptarla. Todo el maravilloso mundo en el que Perséfone había vivido se había ido para siempre, lo que la sumió en una profunda penuria.  

Al principio rechazaba cualquier conversación con Hades, pero pasaron los días y, con una melancólica resignación, dio el “sí” a su unión. Vale, una vez llegados aquí, no me voy a meter con toda la historia de su “rescate” 

por parte de Deméter ni con cómo esto deriva en la creación de las estaciones del año En su lugar, me voy a centrar en la relación del dúo protagonista. De todas formas, es una historia muy interesante que iremos referenciando a lo largo del escrito,  

por lo que recomiendo encarecidamente investigar sobre ella. Entonces, queridos lectores, ¿cuál creéis que fue la estrategia que tomó Hades para mantener a la reina en su reino?  

Efectivamente, drogarla con granadina. A ver, no me malentendáis. Técnicamente era una droga, solo que imagino que por aquella época no existía el concepto de droga como tal. ¿Qué hacía la granadina? Pues, al ser comida del inframundo, la condenaba a permanecer allí 

durante un tiempo determinado por el rey del inframundo además de dejarla enamorada. Sí, ya sé que podría existir un vacío legal, teniendo en cuenta que Perséfone es la reina. ¿Por qué no pudo hacer nada para anular los efectos de la fruta? Pues no sé,  

asumamos que la reina tenía menos privilegios porque sociedad machista y todo eso. Teniendo esta acción en cuenta, voy a hacer una declaración extraña: los antiguos griegos estaban adelantados a su época,  

al menos en lo que a relaciones se refiere. Porque esto puede aplicarse como una metáfora a muchísimas relaciones de la actualidad; concretamente, 

podríamos construirlo como una metáfora del refuerzo intermitente. Por desgracia, a estas alturas del cuento, ¿quién no ha vivido una relación, ya sea de pareja o de amistad, en la que todo era toxicidad, pero había un momento específico en el que la otra persona hacía una acción o soltaba unas palabras que conseguían mantenerte dentro de ese vínculo, por mucha toxicidad que hubiese? Un tira y afloja constante en el que, de vez en cuando, recibes esa granadina que te mantiene en el inframundo. ¿Veis mi punto? Adonde quiero llegar es a que, si aceptáis las semillas de granada, vais a acabar dejando al mundo sin cosechas durante seis meses.  

Perdón, pésimo chiste. Pero eso era precisamente lo que quería explorar: cómo podemos trasladar los antiguos mitos a la actualidad.  

Y eso demuestra que cualquier tipo de relato puede ser reinterpretado con el paso del tiempo, 

permitiéndonos apreciar las viejas historias desde una visión actualizada. Bueno, espero que podáis sacar alguna enseñanza de este mito y que, si os encontráis en una relación de mierda 

podáis encontrar la forma de libraros de ella.

Ánimo, lector, y gracias por leer.



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