₊˚⊹⋆。°‧₊˚✧ Bienvenidos a mi blog。⋆。˚₊˚✩

lunes, 27 de julio de 2026

Soliloquio para obra en planeación

Buenas, lo que vas a leer a continuación es un soliloquio para una obra de teatro que tengo en planeación, espero que lo disfrutes y te puedas de alguna forma sentir reflejado en mis palabras:

¿Qué harás tú mientras yo te lloro?

Te añoro,
y el fuego me devora.

¿Qué habrás hecho tú mientras yo paso mañana y tarde afligido,
y en verano siento frío?

¿Cómo te habrá afectado?
¿Te habrá dolido decírmelo?
¿Te habrá costado aceptarlo?
¿Habrá sido un suplicio conseguir superarlo?

Jamás me serán respondidas esas cuestiones.

¿Por qué duele tanto el destino?
¿Por qué me hace cautivo
del dolor soporífero
de mi corazón abatido?

Todo por un despojo
con nombre y apellidos,
que te deja una huella dolorosa
que, aunque consiguiera borrarla,
no me daría tiempo a pintar una nueva, bella y hermosa.

Adiós, hermosa criatura,
cuya sonrisa no conseguí dibujar de nuevo.

He hecho de mi miedo una fuerza
para ser tu fortaleza,
y, pese a todo, no fui el héroe que prometí.

Ya echo de menos
lo que quedaba de tu sonrisa.

miércoles, 22 de julio de 2026

Ensayo: El caos simbólico de los hijos de Sparda

 Un mismo acontecimiento puede provocar consecuencias completamente distintas en dos personas que estuvieron en el mismo lugar y vivieron exactamente la misma situación. Introduzco esta idea porque constituye el punto de partida de este texto: cómo dos individuos, enfrentados al mismo trauma y a las mismas circunstancias, pueden afrontarlos de maneras diferentes, desarrollando visiones filosóficas opuestas sobre la vida.

Como me resulta imposible quedarme quieto sin relacionar estas reflexiones con alguna de mis obsesiones artísticas, voy a ejemplificar esta idea a través de la historia que nos cuenta la saga de Devil May Cry: el drama de dos hermanos que, partiendo del mismo origen y marcados por la misma tragedia, terminaron recorriendo caminos completamente distintos.

Tendré que dar algo de contexto sobre la obra antes de continuar, aunque iré directo al grano. Basta decir que se trata de una saga de videojuegos muy influyente dentro del género hack and slash. Sin embargo, no me interesa detenerme en su importancia dentro de la industria, sino en el núcleo de su historia.

Dante es un carismático mercenario cazademonios con una brújula moral bastante ambigua, guiada en muchas ocasiones por el dinero o por asuntos personales. A primera vista proyecta una imagen despreocupada: viste con estilo, desprende un enorme carisma y posee el alma de una estrella de rock. Siempre tiene una broma preparada y parece afrontar cualquier situación con una sonrisa desafiante. 

Su hermano, Vergil se presenta como una figura fría y distante. Habla poco, rara vez muestra sus emociones y mantiene una actitud serena incluso en las situaciones más extremas. Su elegancia, su autocontrol y su férrea disciplina transmiten una sensación de superioridad que intimida tanto a aliados como a enemigos.

Ambos personajes parten de una misma tragedia: la muerte de su madre, Eva, una mujer humana y esposa de Sparda. Sparda fue un poderoso guerrero demoníaco de las cortes de Mundus, el Emperador Oscuro y rey del inframundo. Sin embargo, en un acto de rebelión, Sparda decidió traicionar a su propia especie y ponerse del lado de la humanidad, llegando incluso a enfrentarse y derrotar a Mundus para proteger el mundo humano.

Años después de esta victoria, Eva formó una familia con Sparda y tuvo a sus dos hijos gemelos, Dante y Vergil. Durante su infancia, ambos crecieron relativamente alejados de la guerra entre humanos y demonios, sin ser plenamente conscientes del legado que portaban.

Todo cambió cuando las fuerzas demoníacas atacaron su hogar en busca de venganza contra Sparda. En ese ataque, Eva fue asesinada mientras intentaba proteger a sus hijos, tratando de separarlos para aumentar sus posibilidades de supervivencia. Dante logró escapar, mientras que Vergil quedó atrapado y, en medio del caos, sintió abandono y rechazo por parte de su madre.

Esta tragedia acompaña a ambos personajes durante toda la saga, pero cada uno la interpreta de una forma distinta. En el caso de Dante, mantiene viva la imagen de Eva como una madre amorosa y protectora, lo que refuerza su vínculo con la humanidad y su deseo de proteger a los demás. En cambio, Vergil transforma ese recuerdo en dolor y resentimiento, llegando a culparla de su trauma y sintiéndose abandonado y traicionado.

Dante acepta el dolor y aprende a convivir con él, mientras que Vergil transforma la pérdida en ira y obsesión. Eva representa la parte humana de los gemelos, ambos hijos de un demonio y una humana, pero cada uno la conserva de una forma distinta: Dante mantiene viva su memoria como símbolo de amor y humanidad, mientras que Vergil la reprime, convencido de que ya no necesita sentirla. Es en esta ruptura emocional donde nace la figura de Vergil como antagonista.

La imagen de la madre, asociada al amor y la seguridad, se convierte en el eje emocional que define a ambos personajes. Cuando Vergil deja de nombrar a Eva, también empieza a desconectarse del mundo emocional. No la odia, pero elige la indiferencia como mecanismo de defensa: decide congelar el recuerdo para que deje de doler. Sin embargo, al hacerlo, también bloquea una parte esencial de su propia humanidad.

Por eso, el combate y la violencia no son solo acción dentro de la saga, sino el núcleo que mueve toda la historia. Las peleas entre los hermanos son el único lenguaje que comparten, pero también una forma de evitar enfrentarse a lo que realmente son. En el momento en que dejan de luchar, se ven obligados a confrontar el lado más emocional de su conflicto y, con ello, el recuerdo más doloroso que comparten: la pérdida de Eva.

Esa es la verdadera tragedia de los hijos de Sparda: dos hermanos marcados por el mismo dolor, condenados a enfrentarse una y otra vez porque ninguno es capaz de resolver aquello que realmente los define.

Este evento se refleja incluso en aspectos tan aparentemente banales como el combate. Dante pelea como si estuviera bailando: es despreocupado, improvisa y convierte cada enfrentamiento en una expresión caótica de libertad. Vergil, en cambio, no desperdicia ni un solo gesto. Su estilo es preciso, medido y casi quirúrgico, como si necesitara controlar hasta el último centímetro del espacio que lo rodea.

Si ambos estuvieran en una sala con espadas y no pudieras ver sus figuras durante un minuto, bastaría con observar sus movimientos para distinguirlos. Uno se define por el caos como combustible; el otro por la precisión extrema, nacida de la necesidad de imponer orden sobre un mundo que percibe como inestable.

Dante encarna el estereotipo del héroe rebelde que bromea incluso en los momentos más serios, pero sin llegar a evadirlos. Afronta el dolor, lo reconoce y lo integra en su forma de vivir. Vergil, por el contrario, es un hombre profundamente herido, donde todo lo que toca queda filtrado por su obsesión por el control y el poder.

Este contraste se extiende también a su arsenal. La espada de Dante, Rebellion, es una hoja partida que puede volver a unirse, simbolizando su intento constante de reconciliar sus dos mitades: la humana y la demoníaca. En cambio, Yamato, la katana de Vergil, representa la separación. Es una espada capaz de dividirlo todo, reflejando a su portador, que rompe vínculos emocionales y fragmenta aquello que considera una debilidad.

Así, incluso sus armas se convierten en extensiones de su conflicto interno: Dante busca integración; Vergil, separación. Y esa diferencia define no solo su estilo de combate, sino toda su manera de existir.

Hay cierto filósofo bastante poco conocido (sarcasmo evidente) que probablemente vería a estos dos hermanos como los extremos que toda cultura necesita integrar. Nietzsche interpretaría a Vergil como la encarnación del orden absoluto: disciplina, control y voluntad de poder llevada al límite. Dante, en cambio, representaría el exceso, el instinto y el caos creativo. Uno combate como si estuviera ejecutando una marcha militar; el otro lo hace como si improvisara un concierto de jazz con pistolas y espadas.

Sin embargo, la magia de esta saga es que nunca te dice cuál de los dos está en el camino correcto, porque en realidad ambos pierden algo esencial en el proceso. Vergil sacrifica su humanidad en su búsqueda de ser invencible, mientras que Dante esconde su dolor detrás del espectáculo, el humor y la actitud despreocupada. No hay una respuesta definitiva ni una moral cerrada.

Ambos representan visiones del mundo profundamente distintas, pero igualmente comprensibles dentro de sus propios contextos. Uno busca significado en el control absoluto de sí mismo y de su entorno; el otro, en la aceptación del caos y en la conexión con los demás a pesar del dolor. En esa tensión constante es donde reside la fuerza de la historia: no en elegir un bando, sino en entender qué se pierde en cada uno.

Puede que aquí esté pecando de pretencioso, pero espero que la comparación sirva para transmitir la idea. Voy a relacionar esta historia con un relato bíblico como el de la Torre de Babel, así que pido disculpas de antemano si la conexión no se expresa con total claridad.

En la historia de la Torre de Babel, la humanidad construye una torre con la intención de alcanzar el cielo y acercarse a Dios. El castigo no es la destrucción directa de la obra, sino algo mucho más profundo: la imposibilidad de entenderse entre sí, la fragmentación del lenguaje y, con ello, de la unidad humana.

Este concepto puede reflejarse en Temen-ni-gru, una torre que conecta el mundo humano y el demoníaco y que, a su vez, funciona como una fuente de poder para Vergil. Lo más cruel de este paralelismo es que, cuando Vergil llega a la cima, efectivamente encuentra aquello que buscaba: más poder, más fuerza, más distancia. Pero no hay nadie para celebrar su logro. No hay reconocimiento ni compañía, solo viento, piedra y un vacío enorme disfrazado de victoria.

Desde esa altura, lo que contempla no es únicamente la cima, sino también los distintos niveles que ha atravesado, como si cada piso fuera una pérdida progresiva de sí mismo. La torre funciona así como una Babel infernal: en la historia bíblica, la humanidad intenta tocar el cielo y termina separada; aquí ocurre algo similar, pero a través de espadas, demonios y violencia.

A medida que Vergil asciende, deja atrás a Dante, a su madre y, en general, toda la parte humana que le quedaba. Su movimiento siempre es hacia arriba, como si las emociones fueran un peso muerto del que necesita desprenderse para seguir avanzando.

Dante, en contraste, se mueve de forma horizontal: conoce aliados, establece vínculos y construye relaciones que le permiten existir en el mundo desde la conexión con los demás. Vergil, por el contrario, solo asciende. Su movimiento es siempre vertical, como si cada paso hacia arriba implicara dejar algo atrás.

En este punto puede ser interesante introducir una lectura filosófica, aunque con la precaución de no simplificar en exceso a su autor. Michel Foucault, a través de su análisis del poder, permite una interpretación sugerente: Vergil encarnaría una forma de poder arcaica o “medieval”, la del soberano solitario en la cima de una jerarquía. Un poder que se sostiene precisamente en el aislamiento y en la distancia respecto a los demás. Sin embargo, este tipo de poder es también frágil, porque depende de no ser compartido y de no establecer relaciones horizontales que lo sostengan o lo cuestionen.

Esta historia también puede relacionarse con el mito de Prometeo, el titán que roba el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad y es castigado con una condena de soledad y sufrimiento eterno. En ambos casos, el ascenso o la transgresión hacia “lo más alto” no conduce a la plenitud, sino a una forma de aislamiento.

Cuando el equipo de Devil May Cry 3 decidió llamar Vergil al hermano de Dante, no fue una elección precisamente casual. En la Divina Comedia, Virgilio es el poeta que guía a Dante a través del Infierno, actuando como un guía perfecto, conocedor del camino, pero condenado a no poder entrar en el Paraíso. Es decir, alguien que entiende el recorrido, pero no puede alcanzar la salvación.

Hideaki Itsuno, director de Devil May Cry 3, toma este concepto y lo invierte. Aquí, Vergil no guía a nadie. No acompaña, no orienta, no comparte el camino: va solo. Y lo más interesante es que el propio nombre del personaje, cada vez que aparece en pantalla, ya funciona como una especie de presagio de su destino.

En la obra de Dante Alighieri, La Divina Comedia presenta a Virgilio como alguien que domina el conocimiento del inframundo, pero que no puede alcanzar la redención final. En Devil May Cry, Vergil encarna una versión distorsionada de esa idea: conoce a la perfección el poder demoníaco, entiende cómo abrir las puertas del inframundo, domina Yamato y todo lo que representa, pero es incapaz de regresar emocionalmente de ese viaje.

Por eso, en el fondo, todas estas historias que he ido mencionando parecen girar en torno a una misma idea: la de alguien que confunde el poder con la plenitud.


Creo que ya se ha repetido demasiado la palabra Dante y Vergil hoy, así que os dejo tranquilos.

Todo esto ha sido fruto de mis divagaciones sobre el videojuego Devil May Cry 3, en un intento de contrastar al protagonista con su antagonista, ya que su vínculo familiar me parecía especialmente interesante de explorar.

Mi investigación me ha llevado a descubrir filósofos y conceptos que desconocía, además de acercarme a historias bíblicas y relatos clásicos desde una nueva perspectiva. Por eso, considero que este texto también me ha aportado a mí como proceso de aprendizaje y reflexión, y espero que, de alguna forma, también pueda haberle aportado algo al lector.

Gracias por aguantar mis divagaciones y “paranoias”. Ojalá esta exploración haya sido tan interesante para ti como lo ha sido para mí escribirla. Gracias por leer.



Soliloquio para obra en planeación

Buenas, lo que vas a leer a continuación es un soliloquio para una obra de teatro que tengo en planeación, espero que lo disfrutes y te pued...